Antes de colocar nada, revisamos densidad, grosor y estado del cuero cabelludo. A partir de ahí explicamos qué método encaja, qué no, y cada cuánto conviene volver al salón.
Cada cliente llega con un cabello distinto y unas expectativas concretas. Este es el recorrido habitual en el estudio, desde la primera consulta hasta la revisión final, con los tiempos que manejamos de verdad y no con promesas de folleto.
Fase 01
Día 1 · 45 min
Revisamos densidad, grosor del tallo, estado del cuero cabelludo y color actual. Preguntamos por tratamientos previos, decoloraciones y rutinas de lavado. De aquí sale la recomendación de método, no al revés.
Fase 02
Días 2 a 5
Comparamos queratina, cinta adhesiva y microanillos según el peso que puede soportar tu cabello. Elegimos tono y textura con mechones de prueba a la luz del salón, porque el color cambia mucho entre interior y calle.
Fase 03
Cita de 2 a 4 h
Trabajamos por secciones finas para no cargar una sola zona. Ajustamos cantidad de mechones al volumen real del cabello y cerramos con un corte de integración para que no se vea escalón entre lo natural y lo añadido.
Fase 04
Semana 3
Comprobamos cómo han asentado las uniones tras los primeros lavados en casa. Entregamos una guía con cepillo recomendado, productos sin sulfatos y frecuencia de lavado según tu método. Aquí se corrigen hábitos antes de que den problemas.
Fase 05
Cada 6 a 8 semanas
El intervalo no es fijo: depende del crecimiento del cabello y de cómo se comporten las uniones. Revisamos, retiramos residuos de queratina o recolocamos anillos, y decidimos si conviene renovar algún mechón o mantener el conjunto.
Fase 06
Al final del ciclo
Retiramos el sistema con disolvente específico y sin tirones. Evaluamos el estado del cabello propio y decidimos si conviene un descanso, un tratamiento de reconstrucción o una nueva colocación. No todas las clientas continúan de inmediato, y lo decimos cuando es el caso.
Aquí reunimos las matizaciones que repetimos en cada primera visita. Sirven para que nadie llegue a la cita esperando algo que no podemos garantizar y para que las decisiones se tomen con la información sobre la mesa.
No prometemos ausencia de daño. Cualquier sistema que añade peso al cabello natural genera tensión en la zona de anclaje. Lo que sí controlamos es el reparto de peso, el número de uniones y la frecuencia de revisión, para que esa tensión se mantenga dentro de un margen razonable.
El método no lo decide todo. Un cabello con poca densidad no soporta el mismo volumen que uno medio, y alargar más de dos tallas de golpe obliga a más gramos de extensiones. Cuando el resultado deseado no encaja con la base, lo decimos antes de colocar, no después.
Buscamos que el tono de las extensiones dialogue con el cabello natural, no que sea idéntico. Forzar una coincidencia exacta suele implicar decolorar o teñir de más. Si tu base cambia con frecuencia, conviene elegir un tono con margen de matización.
Cada cuánto revisar depende del método, del crecimiento del cabello y de cómo lo cuides en casa. Damos una horquilla orientativa en la cita y la ajustamos según lo que veamos en la primera revisión. Recolocar antes de tiempo también tiene coste para el cabello.
Hablamos de duración en función del uso, no de una cifra fija. Lavados frecuentes, plancha diaria, piscina o cepillado agresivo acortan la vida útil de cualquier sistema. Preferimos decirlo en la primera visita que sorprenderte en la tercera.
Si detectamos caída activa, cuero cabelludo irritado o un debilitamiento reciente por un proceso químico, aplazamos la colocación. No es una postura comercial, es la forma de que el trabajo posterior se sostenga. En esos casos planteamos primero cuidado y color.
Estas condiciones forman parte del criterio del estudio y se explican en la cita inicial. Si algo no encaja con tu caso, lo verás reflejado en la propuesta antes de reservar.